Grupo Editorial Del Caribe

Proteger una obra intelectual: trámites legales

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Lo que menos quiere un autor es ver su obra publicada a nombre de alguien más sin haber recibido ganancia alguna por su esfuerzo; excepto que sea un escritor negro o fantasma, pero eso ya es otro tema. Por el momento centrémonos en la necesidad de los escritores para proteger un texto literario una vez concluido.

Sin importar la extensión de ésta, cualquier obra requiere de esfuerzo constante, arduo, por lo que no es merecedora de ser robada de forma abusiva alguna. A fin de evitarlo, el consejo básico cuando un escritor termina un texto es crear un registro de ello. Esto se puede lograr de dos maneras: la personal y la profesional.

A nivel personal y como prueba elemental de autoría únicamente, funcionan varios métodos inmediatos: envía un correo electrónico a tu propio e-mail (así habrá constancia de fecha anterior a cualquier caso futuro posible); todavía mejor es enviarla impresa a la propia dirección postal: el testimonio existirá en el sobre, el matasellos y las facturas de envío y recepción. Finalmente, siguiendo la misma lógica, el archivo en tu computadora funcionará como demostración de propiedad intelectual, aunque no del todo contundente ante una entidad jurídica.

Para presentar defensa ante entidades jurídicas es necesario contar con un antecedente profesional de inscripción de obra. Éstos, a su vez, pueden ser dos principalmente: hacer el Registro de Propiedad Intelectual pertinente con el Instituto Nacional del Derecho de Autor (INDAUTOR) o depositar el texto con notario público para recibir una constancia de autoridad. Más recomendable el primero por cuestión de costos.

Aparte de las medidas legales existentes, se pueden realizar adicionales que nunca sobran para resguardar la autoría de un texto:
● Añadir el signo de copyright [©] después del nombre del autor.
● Usar una firma digitalizada al pie de cada cuartilla y/o poner como fondo de agua una leyenda que diga: “COPIA NO AUTORIZADA”, así, con mayúsculas.
● Pedir un recibo de obra a cualquier persona a quien se le haga llegar (aunque no sea profesional, que al menos deje en claro que el receptor entiende de quién es la autoría del documento).
● Incluir al principio del texto una leyenda de autoría, por ejemplo: "Esta obra pertenece a su titular [nombre del autor]; cualquier forma de producción, distribución, comunicación pública o transformación de la misma, solo podrá ser realizada con la autorización de su autor".
● Y muy importante, no publicar la obra en ningún lugar de internet si no se cuenta con un registro legal (en caso de que por alguna razón sea necesario hacerlo, habrá que realizar búsquedas periódicas del texto a fin de dar con posibles fraudes).

Como queda en claro, contar con un registro fiable de autoría es indispensable para cualquier autor pues no se sabe si se habrá de enfrentar un caso de piratería literaria o fraude editorial alguno. De preferencia estar lo más preparado posible ante eventualidades futuras, que lamentarse por no haber cumplido un trámite que, casi siempre, no es tardado ni oneroso.