Grupo Editorial Del Caribe

La aparente inocencia de los cuentos de hadas

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GRECA


La gente lee a sus pequeños un cuento sobre una hermosa niña con ricitos dorados que va a ver a su abuelita, la cual vive en medio del bosque; el lobo ha devorado a la abuela, quien al final será salvada por un leñador al abrir en canal al pobre animal a fin de que todos vuelvan a ser felices como sucede en los cuentos de hadas, siempre tan inocentes y recomendables para niños.

Luego, la mayoría de esas mismas personas mirarán caricaturas para niños donde la violencia es un ingrediente habitual y probablemente se escandalizarán por lo poco que han sido consideradas para un público infantil. Y pondrán como ejemplo, cuentos tradicionales en los que las brujas comen infantes vivos después de hervirlos, a los mentirosos los mandan a quemarse eternamente al infierno y a los inocentes les caen mil plagas antes de poder ser felices en su pobreza infinita.

¿De dónde viene esta dicotomía de interpretación aparentemente inapreciable? Un concepto que puede ayudarnos a entender es el de carnavalización, propuesto por el filósofo del lenguaje ruso, Mijaíl Bajtín, el cual a grandes rasgos se interpreta “como un mundo al revés. Es decir, que la literatura adopte fenómenos del carnaval”, según el propio autor. O tal cual aclara la investigadora hispanista, Elizabeth Corral Peña, en su ensayo “Algunas palabras sobre la carnavalización literaria”:

“El carnaval instituye un mundo al revés, en el que los peces vuelan y los pájaros nadan, los obispos actúan como locos y los tontos son coronados, los detritus se aprecian y los resultados del intelecto se ridiculizan. El banquete, la gran comilona que acompaña a las festividades, materializa la victoria del hombre sobre el mundo amenazante y al mismo tiempo lo une con esa tierra que le proporciona alimento. De ahí que la boca y lo inferior corporal cobren importancia decisiva en la visión carnavalizada del mundo: en lugar de las sublimaciones abstractas e idealistas de la razón, el carnaval materializa una verdad atrevida y alegre”.

Así, podemos descubrir el cómo un lobo puede hablar, una abuela sobrevivir en su estómago e, incluso, una niña confundir a una bestia peluda con su pariente. El mundo de los sinsentidos. Sin embargo, en los dibujos animados no sucede así, ¿por qué? La razón más obvia: porque no se nos presentaron como literatura, sino como un aparente desorden sin motivo alguno, perdiendo así la carnavalización.

Solo a través de análisis literarios como estos podemos detectar la falsa inocencia de los cuentos de hadas, mismos que están tan cargados de violencia y alienaciones como las criticadas caricaturas actuales. Y es entendible que hayan sido creados así cuando sabemos el por qué de su origen: enseñar a niños y niñas los peligros que en ese entonces se presentaban en su vida cotidiana, por ejemplo, aventurarse solos al bosque, confiar en extraños que les ofrecían golosinas o, simplemente, mentir a cualquier autoridad, algo penado con la muerte por la realeza.