¿Escribir como se habla?

Grupo Editorial del Caribe

Hoy día ronda una creencia entre escritores de que un texto escrito tal como se habla resultaría más natural. En otros términos, menos afectado1. Como si la forma en que hablamos fuese lo humano mientras que los textos planificados, lo artificial.

¡Dios nos libre de escribir tal como hablamos! Esta idea inocente proviene de una falta de reflexión a fondo en el tema (aparte de la obvia falta de experiencia en cuestiones de redacción)2. Si alguna persona difiere o desea percatarse de lo expresado, proponemos lo siguiente:

Tomar un dispositivo que permita grabar su voz al natural y comenzar a hablar de la forma que le gustaría escribir. Una vez transcurridos 10 minutos, detener la grabación para acto seguido transcribirla a texto fiel (esto es, con todas y cada una de las palabras enunciadas anteriormente). Cabe recordar que quitar tan sólo una de las palabras grabadas correspondería a filtrar el discurso, lo cual es lo contrario a lo que defienden los “naturalistas de los textos” (por llamarlos de alguna manera). Así que no hay de otra: ¡o todas, o ninguna!

Hecho este procedimiento, estamos seguros que podemos dar carpetazo final a la creencia errónea de que escribir como se habla es lo mejor: al momento en que el hablante comience a escuchar de su propia voz un sin fin de muletillas, errores de pronunciación, rebuscamientos semánticos, adecuaciones estrafalarias, correcciones e imprecisiones indescifrables, todas ellas inherentes a nuestra habla cotidiana, llegará su horror final: ¡no es posible obtener un discurso coherente sin antes pasarlo por un filtro de coherencia! Eso es justamente lo que se hace al planificar un texto. Antes que afectarlo, se busca justo lo contrario: redactarlo como inicialmente se deseaba expresar. Y es que mientras hablamos, parloteamos regularmente (algo normal en cualquier transcripción instantánea de ideas mentales), en cambio, un escritor tiene mucho tiempo para enmendar las palabras que con anterioridad planeó para conformar un discurso textual con congruencia propia.

En resumen: quienes sugieren que una escritura semejante al habla cotidiana resultaría más propicia, no hacen otra cosa que señalar a sus oyentes que no son afectos a revisar sus textos y, por tanto, que éstos no pasan por un filtro de coherencia antes de buscar ser consumidos por algún pobre lector desafortunado. Esto sin mencionar la indispensable revisión ortográfica que todo texto debe tener (algo en vías de extinción en estos días de redes sociales) todo en pos de buscar la excelencia discursiva, pues cada error ortográfico y semántico de un discurso no hace otra cosa que señalar la calidad lingüística de quien lo produce.

Notas:

1El resultado (en caso de existir) sería un híbrido entre realismo literario y literatura de la Onda. De hecho, este tipo de textos fieles al habla sí existen: se denominan transcripciones fonéticas y/o fonológicas.

2Los principales objetivos del lenguaje escrito, a diferencia del oral, son: neutralizar las marcas dialectales, evitar la redundancia y las omisiones, viabilidad de corrección, eludir muletillas y fraseos innecesarios, entre otros más.