Economía textual para evitar imprecisiones

Grupo Editorial del Caribe

Uno de los fenómenos lingüísticos más avenidos en estos días de escritura impulsiva digital son las imprecisiones del lenguaje: millones de frases diarias que quisieron decir una cosa pero que por elegir una palabra refinada, terminaron diciendo algo diferente. Y lo que es peor, a veces hasta contrario.

Ejemplos como “la policía disolvió a los manifestantes” (en lugar de dispersó), no sólo no significan lo que pareciera, sino que, muy al contrario, implica que los policías aniquilaron a los manifestantes lo que significa un craso error tratándose de casos delicados como éste para la prensa escrita.

Por ello, resulta necesario conocer el significado de las palabras que usamos. Y antes de que alguien espete que no es un diccionario ambulante como para lograr tal cosa, al menos podemos recomendar que si no se conocen todas las formas empleadas, se abstenga de intentar malabares con palabras desconocidas empero sofisticadas todo en aras de verse más ducho ante sus lectores. En este último caso, cabría recordar la máxima del minimalismo: menos es más; o dicho de manera literaria por el gran Horacio Quiroga: la mejor forma de escribir “la casa es hermosa” es justamente esa… “No hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla”. En resumen: antes de escribir erróneamente más de la cuenta, escribe correctamente lo necesario.

Tal así podríamos evitar muchos errores: escribir directo sin tanto rebuscamiento logrará caer en menor cantidad de imprecisiones léxicas, sin embargo, dicha finalidad aún sigue siendo complicada toda vez que existen tantísimos términos de los cuales no tenemos un completo dominio (sobre todo por las benditas acepciones, las cuales, en el caso de palabras como “mano” ¡pueden llegar a ser 36!); en estas ocasiones donde la duda inunda, lo mejor que podemos hacer es usar el eterno olvidado, nuestro diccionario.

Aquí cabe aclarar: ¿y cómo saber que estamos teniendo una imprecisión lingüística cuan-do no somos conscientes de ella? La respuesta es intrincada pues resulta harto difícil saber algo que desconocemos (simple principio gnoseológico), mas recurramos nuevamente a lo ya dicho: conservar los enunciados de la manera menos embrollada posible nos permitirá elegir entre palabras conocidas que podemos dominar ciertamente. Otra vez el uso del principio de economía lingüística alguna vez enunciado por Martinet.

Dicho esto, invitamos a quienes escriben y/o publican, a preferir lo simple confiable antes de lo complejo desconocido, sin dejar a un lado el intento ocasional de nutrir sus textos con terminología de reciente adquisición, una buena forma de alcanzar la excelencia literaria. En tales casos, y siempre asistidos con apoyo etimológico, los resultados seguramente serán satisfactorios: ¡qué mayor gusto que decir realmente lo que pensamos en lugar de terminar siendo nuestros propios detractores!





Notas:

En el lenguaje […] existe una tendencia natural a tratar de minimizar el esfuerzo invertido, lo que puede manifestarse en distintas maneras de abreviar, acortar o simplificar la forma de transmitir una misma infor-mación. (Wikipedia, “Economía lingüística”). Consultar diccionarios, pues.