¿QUÉ ES LA VEROSIMILITUD EN LA LITERATURA?

Grupo Editorial del Caribe

Las obras literarias tienen la facultad de abstraernos de nuestro acontecer cotidiano y adentrarnos en historias, situaciones, acontecimientos, momentos, anécdotas, lugares, épocas. Con narraciones extraordinarias, los autores nos conducen por épocas inmemoriales, mundos lejanos, vidas alternas, lugares recónditos y a veces universos que sólo la imaginación más exaltada podría crear. Es sorprendente como logran que los lectores sientan, experimenten y se involucren totalmente en la obra. Y ¿cómo es que lo consiguen? ¿Cómo es que les creemos todo lo que nos están contando?

De alguna forma, existe un pacto tácito entre el lector y la obra, en el que se plantea la credibilidad textual, basada en un recurso que sustenta toda buena literatura: la verosimilitud. Verosimilitud se refiere a lo semejante o similar a la verdad, o a lo que tiene apariencia de verdadero. Debemos ser muy cuidadosos de no confundirla con veracidad, que supuestamente usa y profesa siempre la verdad. La literatura no copia la realidad ni busca la verdad; sino la verosimilitud.

Decía Gabriel García Márquez que: “uno no puede inventar o imaginar lo que le da la gana, porque corre el riesgo de decir mentiras, y las mentiras son más graves en la literatura que en la vida real”.

En el caso de la literatura, la coherencia narrativa se sustenta en el respeto absoluto a las normas internas de la obra; ello, crea una verdad poética, credibilidad textual o realidad literaria. Una historia verosímil aparenta ser verdadera y es congruente con el resto de la obra. El realismo en ella es una recreación que ha pasado por el mecanismo de la imaginación del autor, se convierte en una realidad paralela que funciona dentro de la narración. Aún una obra basada en la vida real, que conlleve personajes existentes en la realidad; ya sea una biografía, una autobiografía o la narración de acontecimientos sucedidos en el mundo; en el instante preciso de pasar al plano literario, se ajusta a leyes propias de la literatura que la condiciona y sustenta. Como dijo Ortega y Gasset: “Sólo debe ser lo que puede ser y sólo puede ser lo que se mueve dentro de las condiciones de lo que es”.

Se dice que “la realidad supera a la ficción” y en definitiva así es. Márquez decía a propósito de Cien Años de Soledad y su inspiración en la realidad (El Olor de la Guayaba), que “la vida latinoamericana nos demuestra que la realidad está llena de cosas extraordinarias”. Existen situaciones que suceden en la realidad, que resultarían completamente inverosímiles en la literatura; pero definitivamente ésta es la gran inspiradora y el pretexto creativo. “La fuente de la creación al fin y al cabo es siempre la realidad y en mis novelas no hay una línea que no esté basada en la realidad” afirmó Márquez en Conversaciones con Plinio Apuleyo Mendoza. Guillermo Samperio, prolífico escritor mexicano, nos da la clave para terminar de entender la verosimilitud: “la realidad no necesita de justificación alguna, la literatura sí”.

Boileau escribió que “lo real puede a veces no ser verosímil”. “Si existe un conflicto entre la razón (lo verosímil) y la realidad, hay que elegir la razón. La verosimilitud se traduce en la credibilidad de la obra, en el hecho de que los elementos que la componen han de ser creíbles para los lectores o para la opinión común”. La intencionalidad en el autor direcciona y condiciona la forma de narrar, estructurar y construir, tanto a los personajes como a la historia misma. Decía Márquez sobre la novela, que toda buena narración es una transposición poética de la realidad, una representación cifrada, diferente a la realidad que la inspiró.

Existen recursos que le permiten al autor adquirir verosimilitud en la obra, por ejemplo: la introducción de nombres y descripciones de lugares existentes, la utilización de expresiones de uso cotidiano en el lenguaje de los personajes, la narración en primera persona, además de la incorporación de figuras retóricas como metáforas, comparaciones, analogías, aforismos, alegorías, entre otros. Si el objetivo es crear una obra literaria, definitivamente la verosimilitud de la historia será un elemento preponderante, que hará que la obra funcione dentro el mundo literario y por consiguiente atrape al lector.