#TRUMPBOOKREPORT

Grupo Editorial del Caribe

Posterior al último debate previo a las elecciones presidenciales, en las redes sociales se desató el humor negro entre los tuiteros con el hashtag Trump Book Report (el reporte de lectura de Donald Trump), candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos de América.

La reflexión, luego de la lectura de los tuits con sus consecuentes carcajadas por la creatividad de los internautas miembros de esta red social, surge como preocupante sino es que hasta alarmante. ¿Qué se percibe de la gente que no muestra su cultura o sus lecturas en forma muy evidente? ¿El léxico, la retórica de los discursos, el buen uso del lenguaje y la intención del mensaje es la ventana que permite identificar a quien lee de quien no lo hace? ¿Cómo es que la educación y el estatus sociocultural de una persona refleja su calidad humana e integridad? O dicho de manera más cruel y directa, pero como lo apuntaba mi abuela hasta con un índice amenazador cuando me reprendía: “la educación, el dinero y el amor no se pueden disimular”. O peor aún: “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”.

Las redes sociales no tienen piedad. Hoy la falta de educación, la carencia del léxico apropiado, el lenguaje soez, las faltas de ortografía y la violencia verbal se viralizan y en segundos desacreditan y desprestigian al autor. De hecho, somos muchos los que al detectar faltas de ortografía en una publicación, por banal e inocua que parezca, la dejamos pasar sin leer; simple y sencillamente porque la “clase” en la escritura es el reflejo de la “clase” en la cabeza y añade autoridad moral a la opinión.

La tuitera @CatherineQ, en menos de 140 caracteres, aludiendo al drama shakespeariano Romeo y Julieta, se mofa del candidato, denunciando la violencia de género que el político ha expresado en incontables ocasiones, así: “Juliet. Such a nasty woman. She made Romeo kill himself. And believe me he could have done better. Look at her.” (“Julieta. ¡Qué mujer más asquerosa! Hizo que Romeo se quitara la vida. Y créanme, lo pudo hacer mejor. ¡Mírenla!”). En clara defensa de la candidata Clinton, la cibernauta de Twitter parodia un clásico de la literatura inglesa sintetizando su postura política.

O el de @garyvfoss: “Alice is hot. Maybe in ten years I will be dating her. Just grab her by the Cheshire Cat. Make Wonderland Great Again!” (“Alicia está buena. Quizá en 10 años esté saliendo con ella. Agárrela por el Gato Risón. ¡Hagamos de este país el de las Maravillas otra vez!”), quien denuncia en este tuit, alusivo a la obra del matemático, lógico y escritor Charles Lutwidge Dodgson, mejor conocido como Lewis Caroll, Alicia en el País de las Maravillas, la controversia de acoso sexual que enfrenta el personaje en cuestión.

Así, la literatura es y funciona en el colectivo popular como una herramienta de defensa contra la ignorancia y la que en términos generales valida y valoriza la opinión personal. La literatura es más que nunca antes vista como un accesorio que imprime estilo y elegancia en quien la porta. Y se nota.