EL TÍTULO ES EL ALMA DE LOS LIBROS

Grupo Editorial del Caribe

Parece mentira que titular un texto resulta en ocasiones igual o más arduo que escribir la propia obra. Muchos escritores tardan largo tiempo en encontrar el título adecuado que le haga honor a lo escrito. Ya lo decía Mario Benedetti: “Una parte importante de un cuento es el título: lo ilumina” y para Umberto Eco el título era “una clave interpretativa”, que permitía nutrir al texto mismo. El título es: “El alma de los libros”, aseguraLeila Guerrero, (periodista y escritora argentina).Pero, ¿por qué es tan importante el título de un libro? Por el simple hecho que el título es la carta de presentación de una obra.

Hemos escuchado en variadas ocasiones que “el nombre designa”, nunca más claro que en el título de un libro. ¿Podrías concibir que Romeo y Julieta se llamara diferente? ¿Por cuál otro título substituirías a Anna Karenina o a Los Miserables? Y es que a veces título y obra, se hacen inseparables.

No hay una “ABC” para titular un relato, una poesía, una obra teatral, una película, un libro. A veces, el título surge primero, antes que el texto; se plantea como tema principal a desarrollar y de allí se desprende todo lo demás; como en este caso, que el contenido del texto gira en torno a la explicación de lo que el título plantea: “¿Por qué es importante el título en una obra literaria?”. Sin embrago, en infinidad de ocasiones la obra está finalizada y no se ha hallado el título pertinente, que invite al editor a publicarlo y al lector a elegirlo de entre los demás títulos. Y es que un mal título puede afectar un buen texto, del mismo modo que un excelente título puede llamar de tal forma, que el libro se elija, aunque el texto no sea tan bueno.

¿Cuantas veces has elegido un libro por el título, sin conocer al autor o el contenido?

Es difícil saber por qué los grandes escritores eligieron un título en vez de otro, de hecho, en muchas ocasiones ni siquiera han sido ellos, sino otros, los que sugirieron el título; por ejemplo, el editor.Antes de que Umberto Eco llamara a su famosa novela El Nombre de la Rosa, la había titulado Adso de Melk, que era el nombre del personaje narrador; sin embargo, después de que el editor lo rechazara, se le ocurrió el título definitivo. Orwell había titulado 1984 como El Último Hombre Libre de Europa, después decidió invertir los últimos dos dígitos de la fecha en que la había escrito (1948) y así quedó. Es larga la lista de escritores que decidieron un título y al final lo cambiaron.Antiguamente los títulos sólo servían para identificar el contenido del texto y diferenciarlo de otros. Sin embargo, en el siglo XIX, con la influencia del periodismo, la industria editorial comenzó a utilizar los títulos como impacto comercial. A medida que los escritores y editores tomaron conciencia de la importancia que el título podía causar en el mercado, éste fue tomando mayor relevancia.

Hemingway solía hacer una lista de unos cien posibles títulos que luego iba tachando, uno tras otro, hasta quedarse sin ninguno y comenzar de nuevo. Muchos escritores han buscado inspiración en obras de otros grandes autores; Shakespeare, ha sido una valiosa fuente de títulos, Faulkner extrajo El Ruido y la Furia de Macbeth yHuxley llamó a su novela Un Mundo Feliz por un fragmento de La Tempestad. Algunos escritores han utilizado incluso doble título, como Justine o Los Infortunios de la Virtud del Marqués de Sade o Se Está Haciendo Tarde (Final en Laguna) de José Agustín. Es común utilizar un nombre propio como Harry Potter, dos sustantivos como Crimen y Castigo de Fedor Dostoiewski. Grabriel Gracía Márquez, como caso aparte, en Crónica de una Muerte Anunciada nos cuenta el final de la historia en el título, demostrando que aún así es posible mantener la intriga en la narración. En fin,no importa qué combinación o recurso se utilice, el título debe ser una puerta de entrada digna, adecuada al recinto al que se va a entrar.