A las ideas se las lleva el tiempo

Grupo Editorial del Caribe

“De todos los instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. […] Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y la imaginación.”
Jorge Luis Borges.

Pueden pasar modas, contrastar ideologías, trasponerse opiniones, pero lo escrito en un libro nunca cambiará. Porque el formato permite revisar lo ahí expuesto todas las veces necesarias. Ya sea para el estudio, la reiteración de cierta idea, o la cita de una parte del marco teórico buscado; o todo lo contrario, por el simple esparcimiento y la liberación de nuestro espíritu, un texto editorial es el soporte atemporal más preciso que existe. Y no se debe a sus materiales de hechura (finitos e inflamables al fin), sino al proceso intrínseco de su producción, el cual le faculta contar con innumerables respaldos tangibles.


Esta cualidad de durabilidad sin necesitar cables o energías adicionales, lo dota de una excelencia única para la comunicación de ideas bajo cualquier condición práctica. Es debido a esto que su permanencia, sentenciada en múltiples ocasiones, ha salido triunfadora en todas ellas a pesar de los pésimos augurios traídos con cada nueva ola tecnológica. La continuidad sigue de su lado porque las nuevas tecnologías requieren de baterías (ahora recargables); los libros, no.


Entonces, si la búsqueda de una persona o de un grupo humano (social o empresarial), es la permanencia atemporal, la mejor opción para dejar huella ante el irremisible paso del tiempo será un libro. En este formato universal, lo expuesto toma forma irrevocable, tangible y confiable por la contundente razón de que un texto editorial, una vez impreso, no es modificable jamás. Tal vez las siguientes ediciones o reimpresiones lo puedan ser, pero la existente, como lo dijera el famoso cuervo literario: “Nunca más”.


Esta última característica le dota de la cohesión suficiente para ser un salvoconducto absolutamente legal en el cual un proyecto corporativo puede no sólo trascender, sino permanecer al paso del más terrible verdugo. Por esto, es una óptima decisión que las empresas busquen tener uno de ellos como tarjeta de presentación o manual de uso, donde pueden extender todo lo necesario su visión, misión y experiencias a fin de mostrarlas en toda su amplitud. ¿Y qué decir de los libros institucionales, o los académicos? Un excelente medio para que las organizaciones educativas establezcan sus ideales, búsquedas y logros consumados. Finalmente, no habremos de dejar a un lado los tan importantes libros literarios y los de investigación grupal o individual, compendios máximos de una persona o un grupo de ellas, en los cuales dejan muy en claro su propia voz, sus producciones artísticas, tal vez un manifiesto; en síntesis, la esencia humana.


Existen bastantes razones más para ensalzar al texto editorial como un producto perdurable ante el paso de los años, pero tal vez la de mayor importancia sea reflexionar que, mediante este proceso de legitimación de cualquier idea humana a través de la verificación realizada por un grupo de especialistas quienes ayudan a ubicarlo en un catálogo oficial estandarizado, consigue lo buscado por muchas personas para sí mismas: dejar una huella perenne para las generaciones futuras. Eso, sin duda, es trascender a todo tiempo.