Escritor o autor

Grupo Editorial del Caribe

En su primera acepción, la palabra “escritor” hace alusión al individuo que escribe. Pero, ¿qué escribe? Aquí aplica todo lo susceptible de redactarse, desde un aforismo hasta un novelón, pasando por notas, informes, o incluso recados. La connotación cambia drásticamente cuando visualizamos el segundo significado en el diccionario, dicho escritor es quien elabora "obras escritas o impresas". En este caso específico, el carácter del vocablo “obra” apunta a un producto intelectual —no al de cualquier índole. Vayamos al siguiente término, el cual por ahora nos incumbe, “autor”. Averiguando el concepto exacto, llegaremos a la tercera opción en el lexicón de la RAE: “Persona que ha producido alguna obra científica, literaria o artística”.


Hasta aquí de formalismos, pasemos entonces a las explicaciones. Aunque se puede tergiversar lo siguiente, por lo general “escritor” se refiere a quien produce textos esmerados, ya sean literarios o científicos, (la diferenciación establecida por los anglosajones al respecto, lo deja más en claro: ficción y no ficción); a diferencia de “autor”, la persona que publica sus escritos, sean de forma impresa o digital. Acá es cuando entra el verbo “publicar”, que en su acepción directa y en la quinta del diccionario (la de mayor correspondencia con este tema), aclara ser la difusión de la obra por medio de la imprenta u otro procedimiento cualquiera.


Resumiendo: escritor es aquel que escribe esmeradamente una obra y autor es quien la publica en formato de libro mediante una editorial. Ubicando esta diferencia contundente, llegamos al meollo de nuestra disertación: ¿cuál es la importancia de publicar mis textos a través de una editorial? Y más exactamente, ¿en verdad es necesario para la trascendencia de la misma?


A pesar de ser nosotros mismos una editorial, no habremos de ser intransigentes para declarar que sin este tipo de tratamiento, una obra no puede darse a conocer. En la actualidad, la autopublicación ha alcanzado porcentajes muy significativos, los cuales impiden negarla. Pero es justo gracias a este fenómeno como podemos abordar por completo lo que buscamos exponer, ¿cuál es la divergencia tangencial entre autopublicación y publicación editorial? La respuesta directa es la calidad.


No nos referimos a la calidad literaria pues esa viene desde la mente creadora del escritor. Nos estamos refiriendo al proceso posterior de profesionalización del texto: correcciones tanto de estilo como ortográficas, (incluso ortotipográficas, lo cual abarca los retruécanos del lenguaje escrito al enfrentarse a la formación final); diseño editorial (interiores, forros, portada); revisión del producto terminado e impresión. Todo este procedimiento es preferible llevarlo a cabo entre varias personas más que por una sola, debido al simple hecho de que muchas capacidades unidas se fortalecen más al momento de encontrar errores e imprecisiones.


Visto así, el proceso editorial, más allá de filtrar una obra (el mito extendido al respecto), fortalece la idea original del escritor (próximo a convertirse en autor). Y es que, debido a nuestra naturaleza social, los seres humanos producimos mejor en grupo que cuando lo hacemos en solitario.