¿ESCRIBIR ES UN ACTO DE INSPIRACIÓN? ¿OFICIO O MUSAS?

Grupo Editorial del Caribe

Las musas se refieren a todo aquello que sirve de inspiración a un artista. La noción proviene de la mitología griega, ya que las musas eran divinidades femeninas que habitaban en el Parnaso o en el Helicón, consideradas diosas inspiradoras, protectoras de las artes, la poesía, la música y las ciencias. Erato (poesía lírica-amorosa), Polimnia (poesía sacra) y Talía (comedia y poesía bucólica), se ocupaban principalmente de las diversas manifestaciones literarias; excepto Clío, musa de la historia; sin embargo ésta, tiene que ver con las letras; se dice que introdujo el alfabeto fenicio en Grecia y es representada con un pergamino.

Cuando un escritor aclama a las musas, es por que va en búsqueda de inspiración; pero, ¿qué es la inspiración? Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, inspiración es un “estímulo que anima la labor creadora en el arte o la ciencia; Ilustración o movimiento sobrenatural que Dios comunica a la criatura”. Existen infinidad de definiciones y concepciones para definirla, aunque la mayoría coincide en que es un estímulo o lucidez que favorece la creatividad.

¿Es la inspiración la que hace que un artista o escritor logre plasmar su obra? Para responderla citaremos una frase de Pablo Picasso: “Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando”.

Definitivamente no existe una receta de cocina para lograr que la inspiración toque a la ventana e inunde la pantalla en blanco o la hoja de papel de historias maravillosas y reveladoras. Hay diversos estudios y tratados que han pretendido desentrañar a través de las costumbres, maneras y manías, las formas creativas de los grandes autores, pero tan sólo se han convertido en un acervo de documentos plenos de datos curiosos y entretenidos sobre la personalidad de cada uno de ellos; sin embargo, no han logrado dar con el método para encontrar la inspiración, para atraer a las musas.

La mayoría de escritores y críticos han coincidido en el trabajo constante y habitual, que lleva invariablemente a conocer y dominar las herramientas que permitan fluir de una mejor manera; esto es el oficio. Muchos escritores invierten horas enteras al día en lecturas e investigaciones que de alguna forma terminarán volcados en sus obras; tal vez no de manera textual o tácita, pero definitivamente sí influyente a la hora de crear. Gabriel García Márquez en El Olor de la Guayaba expresó sobre el relato que: “debe estar sustentado en la parte que nos se ve: en el estudio, la reflexión, el material reunido y no utilizado directamente en la historia”. Tal vez en el caso de la poesía esto resulte más sutil.

Escribir, escribir y escribir, con dosis intercaladas de lectura; si existe una receta definitivamente ésta sería la opción más cercana. Experimentar, buscar formas y maneras diferentes de decir las cosas, describir, narrar, buscar recursos literarios que se aproximen, nutran, y enriquezcan la forma, que finalmente culminará en hacer lucir la obra en su máximo esplendor.

Una vez que se tiene el oficio, cualquier tema puede ser un pretexto creativo, ya sea que la inspiración salga de una emoción profunda, de una vivencia, de la realidad, de una obra de arte, de una imagen o música en particular. Las formas y maneras, son de cada quien, unos escribirán descalzos, otros se acompañarán de licor o café y muchos más buscarán lugares recónditos para crear. Lo que queda claro es que si no se tiene el hábito, constancia y disciplina, difícilmente se llegará a ser un gran escritor. Los hay genios, sí; pero como dijo Francis Bacon: “la lectura hace al hombre completo; la conversación lo hace ágil, el escribir lo hace preciso”.

¡Así que a trabajar!