Es que el editor me da miedo…

Grupo Editorial del Caribe

No es necesario aclarar el temor de cualquier escritor al enfrentarse a la idea de ir con un editor a fin de recibir un dictamen editorial para su obra, su tan querido y trabajado texto, producto de muchas horas de esfuerzo, desvelos, cansancios. Lo resume el verbo central de tal juicio, enfrentar en lugar de compartir.


La gran diferencia estriba en que a un amigo, a algún colega, tal vez hasta a un conocido, se le comparte lo escrito para escuchar su opinión (lo cual nunca está exento de cierto nerviosismo anticipado). Muy diferente es mostrarlo a un profesional del ámbito pues no se sabe si será contraproducente o no, y, ante tal incertidumbre cerniéndose sobre uno de nuestros bienes más amados (si no es que el mayor en ese momento), éste se convierte en posible enemigo al cual debemos enfrentar.


Sin embargo, nada más lejos de la realidad pues el cambio respecto a dicho concepto mental no proviene de la idea que el autor tenga acerca de un editor, sino de la verdadera formación de tal profesional. Muchos escritores, al desconocer a fondo todo lo que conlleva una educación editorial, pueden pensar que este personaje al cual se “enfrentan” es contrario a la producción literaria y, por tanto, al entendimiento artístico.


En este momento cabe aclarar que un editor se forma casi de la misma manera que un escritor (y en muchos casos, igual). Es una persona amante de los libros y la lectura, se conecta con el arte de la literatura a fondo, le importa el manejo pulcro y acertado del lenguaje, y obviamente, defiende todo ello. Un profesional de las letras incluso llevó su pasión un paso más allá al estudiar alguna carrera relacionada a estos ámbitos (Literatura hispánica, Lingüística, Bibliotecología, entre otras posibilidades). Un editor, inclusive, puede escribir sus propios textos, amarlos, sufrir por ellos, e, igualmente que un escritor, no desear que nadie se los destroce sin razón alguna.


Por ello, acercarse a un editor debe ser visto, en lugar de un enfrentamiento contra un adversario, como la unión de dos personas buscando un mismo objetivo: la publicación de un texto con la mayor calidad posible. Un trabajo en equipo, finalmente. Y es mediante este último concepto que bien podríamos definir al profesional de la edición, imaginándolo a la manera de un entrenador deportivo, quien busca en sus adiestrados mayores triunfos porque, aunque no son de él, significarán un éxito adicional en su carrera hacia la buena literatura, el universo artístico al cual tanto ama.


Un editor quien publica un texto de gran calidad, gana muchos amigos: un buen libro para leer, lectores agradecidos por el esfuerzo, un autor que confíe en él. ¿Por qué habría de negarse tantas alegrías solo por confrontar la inspiración de otros en aquel campo que tanto le apasiona? Esa idea, simplemente no concuerda con el todo.


En resumen, si eres escritor o escritora tal como muchos de nosotros lo somos, acércate, platiquemos. Juntos podemos lograr mejores libros. Eso es seguro: trabajo en equipo.