Cómo profesionalizar tus textos

Grupo Editorial del Caribe

Debido a su complejidad cerebral, la humanidad creó el lenguaje hablado. Y probablemente a causa de su evolución manual, lo hizo de manera escrita.


En la actualidad, resulta innecesario resaltar la importancia de la escritura. En este momento histórico de páginas web, redes sociales, libros impresos y digitales, todo ello en medio de un mundo cada día más conectado a través de los elementos visuales, los textos no han sufrido mella alguna. Muy al contrario, quienes penan por esta forma de expresión pensando que pasará de moda, sólo requieren una revisión rápida a su entorno cercano para darse cuenta de la realidad.


Esta indispensabilidad del texto como forma de comunicación, conlleva la responsabilidad de producir un mensaje coherente y directo para lograr el objetivo primordial: la comprensión, si no profunda, al menos sí completa respecto a su contenido. Por ello, sin importar si somos escritores individuales o empresas de cualquier tamaño, nuestros escritos requieren los mejores estándares de calidad a fin de comunicar con la claridad y contundencia buscadas.


En la actualidad, existe una amplia diversidad de herramientas para lograrlo (guías, manuales, diccionarios, compendios, enciclopedias, entre muchas más), desde las tradicionales impresas ahora adicionadas por las innovadoras digitales, las cuales, cada día se suman por cientos además de ofrecer costos menores de uso, cuando no gratuitas. Con semejante abanico de apoyos, los redactores de cualquier índole se pueden ver grandemente beneficiados para cumplir sus objetivos de comunicación de manera efectiva. Sin embargo, ¿cómo saber que estamos empleando de una forma correcta los instrumentos disponibles? Sin una guía previa de conocimiento, tantos soportes, lejos de ayudar, abruman. Como ejemplo resulta suficiente mencionar los cansinos discursos políticos pletóricos de adjetivos equivalentes innecesarios; en estos casos, el abuso de un Diccionario de sinónimos es palpable.


Es en este punto que volvemos al fundamento acerca del cual nos gusta enfatizar reiteradamente: la necesidad de contar con la asesoría de un experto en materia de redacción, edición y profesionalización del discurso escrito. En resumida palabra: el editor. Personaje muchas veces vilipendiado quien, lejos de atacar, existe para optimizar los resultados del que escribe, sea éste un individuo, un grupo o una empresa.


El trabajo de una editorial se centra en dotar de cohesión a los textos producidos. Esto no significa que quienes no acuden a ellas, sean incapaces de lograrlo por sí mismos, sin embargo, las constantes distracciones cotidianas aunadas a la compleja tarea de estructurar un texto coherente, complican mucho su finalización, sobre todo cuando es elaborado por una o algunas personas, en lugar de un grupo de profesionales capacitados para ello. Y es que los editores nos dedicamos constantemente a analizar, auxiliar, reforzar y nutrir escritos a fin de reestructurarlos a través de los mejores recursos para conseguir ese resultado tan deseado por el autor.


Para simplificar, baste decir que uno de los objetivos primordiales de una editorial es encontrar la mayor potencia semiótica de un texto a través de su profesionalización, todo en aras de conseguir la mejor versión impresa de la idea original de su autor.