¿QUÉ HACE QUE UNA OBRA SEA CONSIDERADA UN CLÁSICO DE LA LITERATURA?

Grupo Editorial del Caribe

Existen infinidad de definiciones referentes a lo que puede ser un clásico, específicamente un clásico literario. Nos encontramos con definiciones de diccionario como: “dicho de un autor o de una obra que se tiene como modelo digno de imitación en el arte o la ciencia”. “Periodo de tiempo de mayor plenitud de una cultura o civilización, de una manifestación artística o cultural”. No nos confundamos con la literatura clásica, que es la producción literaria griega y romana correspondiente del siglo X antes de nuestra era al siglo V de nuestra era y que “ha sido la piedra angular de la literatura occidental”.

Se le considera como un clásico al autor u obra de arte que cuenta con una gran importancia e influencia sobre el posterior desarrollo artístico, en el área en el que corresponda, permanece en el gusto y perdura a través del tiempo. Muestra algo que al ser humano le atañe, lo define, habla de su naturaleza y de los valores universales predominantes. Se le considera como un modelo digno de imitación por cualquier tipo de manifestación artística. En su mayoría aportan al género al que pertenecen, en forma o fondo o en ambos niveles.

Para Italo Calvino un clásico “es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir, es un libro de relectura, de descubrimiento constante, cargado de huellas y señales, que suscita incesantemente; polvillo de discursos críticos y que en definitiva sirve para definirse a uno mismo en relación o quizá en contraste con él”.

Para Saint-Beuve, crítico literario y escritor francés, “un clásico, además de un texto que debe enriquecer el espíritu humano, debe ser sensato, bello, sano y ser fácilmente contemporáneo a todas las épocas. Pero lo importante de un clásico es que nos devuelve nuestros propios pensamientos con toda riqueza y madurez (…) y nos da esa amistad que no engaña, que no puede faltarnos y nos proporciona esa impresión habitual de serenidad y amenidad que nos reconcilia con los hombres y con nosotros mismos”. Para el novelista, ensayista, dramaturgo y crítico literario español conocido como Azorín, un clásico “debe reflejar la sensibilidad moderna y por lo tanto estar en constante evolución junto con la sensibilidad de las nuevas generaciones. Un clásico estático es un clásico muerto”.

Gabriel García Márquez se refería a un clásico, como: “Un autor cuya lectura le afecta a uno en profundidad hasta el punto de modificar ciertas nociones que uno tenga del mundo y de la vida”.

No hay un parámetro que asegure que alguna obra se convierta en un clásico literario, ya que podría caer en el terreno de la convención. Borges pensaba que era muy peligroso “afirmar que existen obras clásicas y que lo serán para siempre, porque el carácter de clásico no le viene dado a una obra por sus cualidades o méritos intrínsecos, sino por acuerdos y decisiones previas de generaciones de lectores que han decidido leer como si en sus páginas todo fuera deliberado, fatal, profundo como el cosmos y capaz de interpretaciones sin término”. Definitivamente el escritor argentino evidencia lo subjetivo de los cánones establecidos y confirma lo relativo que resulta llamar a una obra “clásica”.

En el ámbito de la literatura es posible que nos encontremos con un sinfín de libros que con el tiempo, por la singularidad que ostentan y la repercusión conseguida se convirtieron en lo que podemos llamar clásicos. Son obras que se siguen editando y publicando una y otra vez, han perdurado a través del tiempo en el gusto del lector e incluso han sido adaptadas a otros formatos, como los del cine, el teatro y series de televisión. Modelos a seguir e inspiración de otros.